Hay días en los que sales de un casting convencido de que ha ido fatal.
Otros en los que alguien hace un comentario durante un ensayo y, aunque aparentemente no ha ocurrido nada grave, te acompaña durante el resto del día.
También están esos momentos en los que ves que un compañero consigue un papel que tú querías y sientes dos cosas a la vez: te alegras por él y, al mismo tiempo, algo dentro de ti se encoge.
O cuando termina un proyecto que te ha acompañado durante meses y te sorprende sentir una tristeza que no esperabas.
Ser artista implica convivir con muchas emociones.
No porque los artistas sean necesariamente personas más emocionales que los demás, sino porque la profesión coloca constantemente el cuerpo, la identidad, la creatividad y la mirada de otros en juego.
Nos exponemos.
Además nos evalúan.
También nos comparan.
Deseamos cosas que muchas veces no dependen completamente de nosotros.
Y trabajamos, además, utilizando nuestra propia sensibilidad como herramienta.
Por eso tiene sentido hablar de inteligencia emocional en artistas.
No como una fórmula para estar siempre bien, ni como una manera de controlar lo que sentimos.
Más bien como la capacidad de ir entendiendo qué nos pasa y aprender a relacionarnos de otra manera con ello.
Pero ¿qué significa realmente tener inteligencia emocional?
Podríamos definir la inteligencia emocional como la capacidad para reconocer nuestras emociones, comprenderlas y regularlas, además de poder relacionarnos de una manera consciente con las emociones de otras personas.
La definición está bien. Pero llevada a la vida real quizá sea algo mucho más cotidiano.
Es darte cuenta de que estás enfadado antes de mandar ese mensaje.
Reconocer que detrás de los nervios de un casting también hay ilusión.
Entender que una crítica te ha dolido porque ha tocado una inseguridad que ya estaba ahí.
Aceptar que estás sintiendo envidia sin convertir eso automáticamente en un juicio contra ti mismo.
O darte permiso para estar triste cuando termina una etapa que ha sido importante.
La inteligencia emocional empieza muchas veces por algo aparentemente sencillo:
pararnos un momento y preguntarnos qué nos está pasando.
Y no siempre sabemos responder.
“Estoy mal” puede significar muchas cosas,más allá de etiquetar la emoción como «mala».
Cuando pregunto a alguien cómo está y responde “mal”, en realidad todavía sabemos muy poco.
Porque “estar mal” puede querer decir muchas cosas, más allá de que la emoción «sea desagradable»:
Puede haber miedo.
Rabia.
Vergüenza.
Tristeza.
Frustración.
Decepción.
Envidia.
Inseguridad.
O varias de ellas al mismo tiempo.
Y cada emoción nos habla de algo diferente.
Aprender a poner un poco más de precisión en lo que sentimos puede cambiar mucho nuestra manera de vivirlo.
No es lo mismo pensar:
“Estoy fatal después del casting.”
que empezar a descubrir:
“Estoy decepcionado porque quería mucho este trabajo y también siento vergüenza porque creo que podría haberlo hecho mejor.”
La situación no cambia.
Pero ya no estamos delante de una masa emocional difícil de entender.
Empezamos a saber qué nos está ocurriendo.

Una emoción no es una instrucción
Hay una idea que me parece especialmente importante.
Sentir algo no significa necesariamente que tengamos que actuar desde ahí:
- Puedo sentir miedo y presentarme igualmente a la prueba.
- Sentir rabia y decidir esperar antes de responder.
- O sentir envidia y no tratar peor a un compañero.
Las emociones aparecen.
Muchas veces ni siquiera podemos elegir cuándo.
Pero entre la emoción y nuestra conducta existe un espacio en el que podemos ir ganando libertad.
A veces serán unos segundos.
Otras veces necesitaremos horas o días.
Pero ese espacio existe.
Y ahí es donde la inteligencia emocional puede convertirse en una herramienta muy útil.
Entonces, ¿qué podemos hacer con lo que sentimos?
No existe una fórmula que sirva siempre.
Y quizá tampoco la necesitamos.
En 5C Asociados, queremos darte herramientas de gestión emocional para que puedas utilizar las emociones a tu favor, de manera que sean un guía útil para lograr tus objetivos profesionales y personales.
Durante 3 días y medio estaremos trabajando en Barcelona para que te lleves estas herramientas aprendidas de una manera experiencial.
No necesitamos sentir menos para estar mejor.
Quizá necesitamos entender un poco mejor qué nos pasa cuando sentimos.
Y, desde ahí, decidir qué queremos hacer con ello.